martes, 7 de enero de 2014

Capitulo I

I
Mi nombre es Ana, y esta es la historia que marco mí vida:
Nos encontrábamos celebrando en un bar, con dos parejas de amigos, nos juntamos con ellos, luego de pasar un hermoso fin de semana en Talca, y de ver a una de mis bandas favoritas que toco en el casino unos días antes. 
Me sentía muy enamorada, creo que cada día más y eso para mí, era maravilloso, solo faltaba dar el gran paso junto al amor de mi vida, a pesar que para mí, a diferencia de muchas mujeres, no era importante el matrimonio.
De pronto Julián se acerca a mi oído y me dice que tenía ganas de irse, estaba cansado y como era fecha de carnaval, le preocupaba el auto que lo tenía estacionado afuera del bar, pero recién me habían traído mi último trago, así es que le pedí que me dejara beber la última copa, a lo cual accedió con agrado.
La música del bar era maravillosa, creí por un momento, que la lista la había hecho Julián, quizás, porque se auguraba un momento mágico, que se notaba desde que entramos en aquel lugar.
Eran ya casi las 3 de la mañana, cuando estaba a punto de finalizar mi trago, en ese instante Julián comenzó a despedirse de nuestros amigos, y yo, le seguía los pasos, y fue en ese instante que sonó desde afuera un gran golpe, y quebrazón de vidrios.  Salieron los guardias para proteger la entrada del bar.
Julián y yo, nos quedamos parados alrededor de la mesa, esperando noticias de que ya no había ningún peligro afuera y así, poder irnos a casa.
Al entrar los guardias, preguntan de quien es un auto, con tales características y número de patente.  Miré de reojo a Julián y estaba pálido, era su auto, corrió con uno de los chicos a ver que sucedía y que tipo de daño tenía, yo, por mi parte, me quede adentro, esperando que regresara.

Luego de varios minutos, veo que entra, Julián, miro sus ojos que se clavaron en los míos, como dagas, me miraba fijo, con un dejo de odio.  Una vez frente a mí, me toma de ambos brazos y comienza a zamarrearme, tan fuerte que casi no soportaba el dolor, mientras decía que por mi culpa le habían roto el vidrio del auto, se nublo mi vista, no podía dar crédito a lo que estaba viviendo en ese minuto, de pronto, se le acercan los guardias,  lo toman y lo sacan en andas del bar, y yo, sólo lloraba, mientras su amigo trataba de consolarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario